Las muertes de indocumentados en Arizona se dispararon a mediados del 2010 a sus niveles más altos desde el 2005, una realidad que ha sorprendido a muchos que pensaban que la nueva ley migratoria del estado y las temperaturas cercanas a los 100 grados Fahrenheit los obligarían a desplazarse a otras partes de la frontera entre EEUU y México